Parece que los dos cubatas surtieron efecto. Allí estaba yo; impasible, de brazos cruzados y sin intención de decir ni media palabra. Treinta y ocho minutos de un monólogo lleno de idas y venidas, rodeos y frases desordenadas que no parecían llevar a ninguna parte. Treinta y ocho minutos y ni siquiera sé por qué los conté.
Sabía exactamente lo que ibas a decir, lo sabía. Y no, no me sorprendió en absoluto. Mi cara de desconcierto era el mínimo ápice de educación que tu discurso merecía. He estado preparándome para este momento durante semanas porque, a pesar de que me negaba a aceptarlo, una parte de mí deseaba que sacaras toda la mierda de una puta vez. Pero claro, "contigo todo es más fácil", ¿no? Mentira.
Sabía exactamente lo que ibas a decir, lo sabía. Y no, no me sorprendió en absoluto. Mi cara de desconcierto era el mínimo ápice de educación que tu discurso merecía. He estado preparándome para este momento durante semanas porque, a pesar de que me negaba a aceptarlo, una parte de mí deseaba que sacaras toda la mierda de una puta vez. Pero claro, "contigo todo es más fácil", ¿no? Mentira.