lunes, 26 de septiembre de 2011

here you are again

Nos pasamos la vida dando por hecho que no vamos a morir solos, que tenemos gente que nos acompaña a lo largo de nuestro camino y que va a estar ahí a través de los altos y bajos de la vida. Valoramos la amistad, la proclamamos a los cuatro vientos. Somos por y para ellos, y viceversa. No obstante, también hay un lado más oscuro. Discusiones y decepciones pasajeras; nos quejamos porque algún amigo no responde del modo en qué quisiéramos, y también, en un lugar muy escondido, tanto que a veces es difícil encontrarlo, nos lamentamos por los que han elegido irse por otro camino. Un vaivén constante de sentimientos y pensamientos, estamos seguros y contentos y al minuto después, indecisos. ¿Son para siempre?

A lo largo de la vida, cientos de personas pasan cada día por nuestro camino. La chica que se sienta a tu lado en el autobús, el señor que te saluda o aquel twittero que te pregunta cómo ha ido el día. Individuos que con una simple mirada, gesto o palabra, dejan su diminuta huella. ¿Cuántas caras es capaz de recordar el ser humano? 

Hay algunas que nunca se olvidan. No importa el tiempo que pase desde la última mirada, o desde la última palabra. A la vuelta, después de un tiempo, al siguiente contacto, eres consciente: todo sigue exactamente igual. Y en ese preciso momento es cuando te alegras de que esa persona, por caprichos del destino, diera el primera paso en tu vida, dejando así una de las huellas más grandes y más bonitas de ese caminito lleno de pisadas. Y pongo la mano en el fuego, nunca podrá borrarse.





No hay comentarios:

Publicar un comentario